
Con lo que ya tienes en tu cocina: canela, sal, arroz, laurel y una escoba. Más lo que significan las señales de tu casa, como las leían las abuelas.

Si me sigues, seguro viste alguno. En mi recetario te los dejo completos, con el paso a paso:
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Todo esto viene completo en El Recetario de la AbuQué necesitas, cuándo hacerlo, el paso a paso y las palabras que se dicen. Mira qué trae ↓
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Ven, siéntate conmigo un ratito.
Déjame adivinar cómo se siente tu casa estos días.
Llega la quincena y por un par de días respiras. Pero antes de que te des cuenta, ya se fue: el arriendo, los servicios, el mercado, lo que te pidió el niño para el colegio, la deuda que no termina de bajar.
Y hay días en que la casa se siente pesada. Hay roces por todo, se rompen las cosas, nadie tiene paciencia. Y tú, en la noche, cuando todos duermen, haciendo cuentas otra vez.
Y lo que más duele no es la plata, mi niña. Es ese nudo en el pecho cuando suena el teléfono y piensas que es un cobro. Es decirle “ahorita no se puede” a tus hijos. Es sentir que por más que haces, la casa no levanta.
No es que no trabajes, mi niña. Trabajas muchísimo. No es que no tengas fe. Rezas, pides, le hablas a Dios y al universo.
Entonces, ¿por qué sientes que el dinero y la paz no se quedan en tu casa?
Yo me hice esa misma pregunta por muchos años.
Mi amá, doña Chayo, nos sacó adelante en una casa de piso de tierra. Hubo meses en que no había nada. Y sin embargo, en esa casa nunca faltó la fe.
Yo la veía hacer cosas que de niña no entendía. Trapeaba la casa con agua de romero y sal, siempre de adentro hacia la puerta. El día primero de cada mes soplaba canela hacia adentro y luego barría hacia adentro, nunca hacia la calle. Le enterraba moneditas a su matita de ruda. Y cuando se caía un cubierto, ponía la casa bonita porque decía que venía visita.
Yo pensaba que eran cosas de viejitas.
Hasta que me tocó a mí. Cuando mi viejo se quedó sin trabajo y nos llenamos de deudas, la casa se llenó de silencio feo. No supe qué hacer. Y lo único que se me ocurrió fue hacer lo que hacía mi amá.
No te voy a decir que fue magia. Te voy a decir que algo se destrabó. La casa volvió a sentirse liviana, nos pusimos de pie y yo recuperé algo que había perdido: la paz para pensar y el valor para tocar puertas.
Para las abuelas, la casa era el lugar donde se recibe todo lo bueno. Y por eso tenían un orden.
Casi todas pedimos al revés. Rezamos, prendemos velas, decretamos… sin haber barrido primero. Mi amá nunca pedía sin seguir este orden.
Sacar de la casa y del corazón lo que estorba: la mala racha, los pleitos, la culpa, las deudas que te quitan el sueño.
Dejarle la puerta abierta al dinero y a la bendición con rituales sencillos, constantes y con fe.
Leer las señales de la casa y del cuerpo, que según mi abuela son la forma en que Dios nos contesta.
21 rituales heredados, paso a paso, con lo que ya tienes en tu cocina, para cuidar tu casa y llamar al dinero.

Abres la página de lo que hoy te duele y lo haces. Cada ritual trae lo que necesitas, cuándo hacerlo, el paso a paso, las palabras que se dicen y cómo saber, según la tradición, que el universo te escuchó.














Así se ve por dentro: 53 páginas a todo colorPara leer en el celular o imprimir


Cada uno con lo que necesitas, cuándo hacerlo, el paso a paso y las palabras que se dicen.












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Lo que más me preguntan en los videos, también te lo dejo:
Un ritual por día, en orden, para que no te quedes pensando por dónde empezar. Con casillas para marcar.

La comezón en la mano izquierda, los números que se repiten, soñar con agua clara… cómo las leían las abuelas y qué hacer cuando aparecen.

Un audio de unos 3 minutos en mi voz, para escuchar cada mañana antes de salir o antes de pedir. Es la llave que mi amá usaba para “tocar la puerta”.

Lo que significa cuando se te cae un cubierto, por qué se pone una escoba detrás de la puerta o una sábila en la entrada, qué hacer si riegas la sal, dejas la cartera en el piso o las tijeras abiertas, y cómo trapear para sacar lo malo.
Cada vez que subo un secreto, mis niñas me cuentan que sus mamás y sus abuelas también lo hacían. Estos secretos no me los inventé yo: vienen de muchas casas.
Sí, mi madre decía eso mismo. Yo ya tengo 71 y no olvido sus consejos. Gracias.

Tal cual mi madre me decía: cae un tenedor, viene una mujer; se cae un cuchillo, es un hombre.

Yo siempre trapeo así y lo recomiendo. La casa se siente súper relajada.

Gracias, abuela. Mi mamá me lo decía cuando estaba chiquita.

Mi abuela también decía que la candela hablaba y era para dar buenas noticias.

Sí, eso nos enseñó nuestra abuela y todavía lo hacemos.

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Comentarios reales de mis videos en TikTok y Facebook. Les tapé la foto y el apellido para cuidarlas.
× No es para ti si buscas una fórmula mágica para hacerte rica sin mover un dedo. Mi amá lo decía clarito: “Dios da, pero no carga”.
Piénsalo así, mi niña: hoy gastas más en una salida a comer en familia, y esto te lo quedas para siempre.





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“El riesgo lo pongo yo. Lo peor que te puede pasar es quedarte como estás hoy.”— la abu Lupita
🔒 Garantía respaldada por HotmartNo, mi niña. Son costumbres de fe que se pasaron de abuela a nieta. No se le hace mal a nadie, no se invoca nada raro. Es cuidar tu casa y pedir con el corazón abierto y las manos ocupadas.
Son creencias que las mujeres de mi familia se fueron contando por generaciones, y así te las cuento yo. Tómalas con fe y con cariño, como una compañía, no como reglas.
No. Yo le digo Dios, otras le dicen universo, otras le dicen la fuerza divina. Para mí es la misma mano grande que da. Estos rituales son para cualquier mujer de fe.
Para nada. Casi todo ya lo tienes en tu cocina: canela, laurel, sal, arroz, azúcar. Lo demás cuesta muy poquito en la tienda.
La mayoría de rituales toman entre 5 y 15 minutos.
Apenas pagas, te llega un correo de Hotmart con el acceso al recetario y a los cuatro bonos. Los puedes leer en el celular o imprimirlos.
Sí. Es digital y lo recibes estés donde estés: México, Colombia, Argentina, España, Estados Unidos…
Nadie puede garantizarte eso, mi niña, y desconfía de quien lo haga. Lo que te comparto son las costumbres que usaban mi abuela y mi amá para cuidar su casa y pedir con fe. Lo demás lo pones tú, con tu esfuerzo, y Dios.
Mi amá me dejó sus secretos en un cuaderno viejo, lleno de manchas de canela. Fue la herencia más valiosa que me dejó.
Hoy yo te los dejo a ti.
No necesitas hacer los 21 rituales de una vez. Empieza por uno, hoy mismo. Las semillas no salen al otro día, pero salen.
Sí, abu, quiero mis 21 secretos →Te ama, la abu Lupita
P.D. Si sientes tu casa pesada ahorita mismo, empieza por la limpieza de sal y romero. Es el primer ritual del recetario y lo puedes hacer hoy mismo.